El histórico café de Boedo que cautivó a Juan Domingo Perón y se destaca por su sánguche de pavita
Ubicado en una tradicional esquina porteña, este café combina historia, arquitectura de otra época y una de las recetas más famosas de Buenos Aires. Por sus mesas pasaron figuras de la política, la literatura y la cultura popular argentina.

En una ciudad repleta de bares históricos y cafés notables, hay esquinas que todavía conservan el espíritu del viejo Buenos Aires. Una de ellas está en pleno barrio de Boedo, donde el tiempo parece haberse detenido entre vitrinas antiguas, paredes de ladrillo y aromas a café recién hecho. Allí funciona Café Margot, un clásico porteño que mezcla historia, gastronomía y cultura popular en un mismo lugar.
Ubicado sobre la esquina de Avenida Boedo y Pasaje San Ignacio, este tradicional café se convirtió con los años en mucho más que un simple bar. Su historia atraviesa distintas épocas de la ciudad y todavía conserva anécdotas ligadas a figuras emblemáticas de la política, la literatura y el espectáculo argentino. El lugar, además, mantiene intacta buena parte de su estética original, con detalles arquitectónicos y decorativos que remiten al Buenos Aires de comienzos del siglo XX.

Café Margot, el rincón porteño que enamoró a Juan Domingo Perón
Aunque el Café Margot fue inaugurado oficialmente en 1994, su historia comienza mucho antes. El edificio donde funciona fue construido en 1904 por el inmigrante genovés Lorenzo Berisso y a lo largo de las décadas tuvo distintos usos vinculados a la gastronomía porteña.
Primero funcionó como fonda y despacho de bebidas, más tarde como bombonería y luego como la recordada Confitería Trianón. Fue justamente en esa etapa cuando nació una de las leyendas más conocidas del lugar: la del famoso sánguche de pavita en escabeche que habría conquistado al expresidente Juan Domingo Perón.
Según la historia popular, durante uno de sus recorridos el General habría pedido detenerse especialmente en esa esquina de Boedo para probar el célebre sándwich, convertido con el tiempo en uno de los emblemas gastronómicos del café.

Hoy, ese espíritu histórico sigue presente en cada rincón del lugar. Los techos de bovedilla, las publicidades antiguas, las botellas de colección y el clásico fileteado porteño le dan al Margot una identidad muy particular, marcada por la nostalgia y la memoria barrial.
Más que una cafetería: las grandes figuras de la literatura y la cultura popular que lo visitaron
A lo largo de los años, Café Margot también se consolidó como un punto de encuentro para referentes de la cultura y personajes históricos de Buenos Aires.
Por sus mesas pasaron figuras como el legislador Alfredo L. Palacios, los escritores Raúl González Tuñón, Gustavo Riccio e Isidoro Blaisten, además del boxeador Ringo Bonavena, el futbolista José Sanfilippo y el mítico Mono Gatica, que según recuerdan en el barrio solía llegar en su llamativo Cadillac rojo.
Ese vínculo con la cultura porteña hizo que el lugar recibiera distintos reconocimientos. Entre ellos, fue declarado “Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana” por el Museo de la Ciudad y distinguido por la Junta de Estudios Históricos de Boedo.

Además, integra el programa “Buenos Aires Lee”, impulsado por la Secretaría de Educación porteña para promover espacios vinculados a la lectura y la identidad cultural de la ciudad.
Más allá de su valor histórico, el café sigue siendo elegido por vecinos y turistas por su ambiente cálido y su propuesta gastronómica. Entre sus platos más pedidos aparecen el clásico sánguche de pavita, lomitos, medialunas, pastas caseras y distintas opciones típicas de cafetería porteña.
Dónde queda y cómo llegar a Café Margot
Café Margot está ubicado en la esquina de Avenida Boedo y Pasaje San Ignacio, en el tradicional barrio de Boedo, uno de los sectores más ligados a la historia cultural y tanguera de Buenos Aires.
La zona cuenta con múltiples líneas de colectivo y también puede accederse fácilmente a través de la línea E de subte, descendiendo en estaciones cercanas sobre Avenida Boedo.
Por su historia, arquitectura y valor cultural, el lugar se transformó en una de esas cafeterías porteñas donde todavía sobreviven las costumbres y la esencia del viejo Buenos Aires.



















