Fue en la estancia La Porteña, en San Antonio de Areco. Segundo Güiraldes, su esposo, también reclamaba una herencia por ese momento.
Por Canal26
Domingo 25 de Octubre de 2020 - 08:50
Dolores Etchevehere.
Dolores Etchevehere actualmente participa de la toma de un campo familiar en reclamo de una herencia. En octubre de 2005 ella acompañó a su esposo, Segundo Güiraldes, en la usurpación de la estancia “La Porteña”, un establecimiento rural que se hizo célebre porque allí se escribió el libro “Don Segundo Sombra”.
El conflicto de entonces lo denunció una sobrina del famoso escritor Ricardo Güiraldes, de nombre Rosaura, que acusó a su primo Segundo de irrumpir en el casco rural con un grupo de personas armadas, que no la dejaban entrar a pesar de que ella aseguraba ser la heredera legítima.
Rosaura denunció por “usurpación” a su primo, quien “viviría en la casa con su esposa, Dolores Etchevehere, y una guardia armada que se rota, además de algunos peones”.
Rosaura, alguna vez estuvo en tratativas con Segundo para venderle "La Porteña". La oferta que Segundo hizo por escrito era por un millón de dólares. Esa oferta es el origen de la ocupación, ya que Segundo sostiene que llegó a hacer algún pago.
La guerra judicial entre estos parientes tiene ribetes polémicos como en el caso de los Etchevehere. Primero Rosaura tuvo un conflicto con otro primo segundo, Manuel José Güiraldes, quien abrió en la estancia un hotel cuando Lourdes era la dueña. A la muerte de Lourdes, Manuel dijo que un contrato le permitía seguir allí hasta el 30 de julio de 2005, cuando finalmente dejó el lugar en medio de una disputa legal con Rosaura.
Pero Rosaura apenas pudo entrar a la estancia que fue de su abuelo y de su padre unos días. Según denunció en la Unidad Funcional de Investigación 5 de Mercedes, a cargo la fiscal María Inés Carlés, “en la madrugada del lunes 26 de setiembre de 2005, Segundo Salvador María Güiraldes y un supuesto grupo de cinco hombres armados al mando del ex policía bonaerense Ernesto Miño se instalaron en el casco, rompiendo candados y forzando puertas”.
La batalla familiar llegó a las amenazas con armas y tiros intimidatorios: luego de denunciar la usurpación, Luis Smith Estrada Güiraldes, un hijo de Rosaura, tomó por costumbre pasar dos veces al día por la tranquera de “La Porteña” para vigilar que los denunciados como usurpadores no se llevaran nada.
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